Un suelo puede verse perfecto y, aun así, fallar justo cuando importa: un día de lluvia, después de una limpieza, con suciedad fina acumulada o cuando una rampa se va puliendo por el paso de ruedas. En esos escenarios, el riesgo de deslizamiento se dispara y aparecen resbalones donde no deberían. La resbaladicidad es la capacidad de un suelo para ofrecer adherencia y limitar el deslizamiento, especialmente cuando hay presencia de agua, pendiente o contaminantes superficiales como polvo fino o restos de detergente.
La siguiente guía va directa a explicar qué exige el CTE (Código técnico de edificación) y qué factores de obra marcan la diferencia para conseguir un pavimento seguro en el uso real.
1) Zonas donde el riesgo se dispara
Antes de hablar de clases, conviene ubicar dónde suelen aparecer problemas. No es lo mismo un pasillo interior seco que una rampa con agua y polvo a diario. Estas son las zonas típicas donde se concentran incidencias y reclamaciones:
- Rampas de acceso y salida
- Entradas desde exterior y zonas de transición
- Portales y distribuidores con limpiezas frecuentes
- Garajes y pasillos de maniobra
- Escaleras y rellanos
- Vestuarios, duchas y áreas con agua frecuente
2) Clasificación CTE: clases de resbaladicidad y qué significa cada una
El CTE clasifica la resistencia al deslizamiento del suelo a partir de un valor de referencia (Rd). Esto permite traducir un concepto genérico como agarre en un criterio comprobable. Las clases son: Clase 0: Rd ≤ 15
A efectos prácticos, las clases se pueden entender así:
- Clase 0 (Rd ≤ 15)
Agarre muy bajo. Solo tendría sentido en zonas muy controladas y secas, donde no hay presencia de agua ni cambios de condición. No es una clase adecuada para accesos, rampas o zonas con limpieza frecuente. - Clase 1 (15 < Rd ≤ 35)
Agarre básico para interiores secos con uso normal. Es la clase mínima habitual cuando no hay agua y el tránsito es de personas sin condiciones especiales. - Clase 2 (35 < Rd ≤ 45)
Agarre medio-alto. Pensada para zonas donde ya puede aparecer agua de forma puntual o donde la exigencia sube por uso, limpieza frecuente o pequeños cambios de condición. Es una clase muy habitual en accesos interiores y áreas donde conviene ir con margen. - Clase 3 (Rd > 45)
Agarre alto. Es la referencia para escenarios más críticos: exteriores, zonas con agua frecuente, rampas, entradas desde calle o superficies donde el riesgo aumenta por pendiente o por combinación de agua y suciedad. Es la clase que normalmente se exige cuando la prioridad es maximizar seguridad.
3) ¿Qué clase de resbaladicidad exige el CTE según la zona?
Aquí está la parte práctica. El CTE no se aplica igual en todas partes: la clase mínima cambia según si la zona es interior seca, interior con presencia de agua, exterior o tiene pendiente. Como guía rápida:
- Zonas interiores secas
- Pendiente menor del 6%: Clase 1
- Pendiente igual o mayor del 6% y escaleras: Clase 2
- Zonas interiores con presencia de agua
- Pendiente menor del 6%: Clase 2
- Pendiente igual o mayor del 6% y escaleras: Clase 3
- Zonas exteriores y zonas expuestas a agua de forma habitual
- Clase 3
4) Aplicación en la obra
Una vez sabes la clase adecuada para cada suelo, el trabajo de verdad empieza en obra. El agarre final no depende solo del material, también depende del acabado, la textura, el sellado y de cómo se prepara el soporte antes de aplicar el sistema. Por eso, cuando la zona es crítica (rampas, accesos, garajes o exteriores), tiene sentido ver cómo se resuelve como intervención real.
Si quieres ver ejemplos de soluciones y trabajos aplicados que se ejecutan para adaptar estas superficies, te dejamos una web empresarial que se dedica de forma exclusiva y profesional a la instalación de pavimentos continuos.
5) Verificación del método
Para que esto no dependa de opiniones, lo correcto es apoyarse en un informe de ensayo. Es la manera de comprobar que el suelo alcanzará la clase exigida y de evitar el típico problema de comparar fichas comerciales sin contexto. Un informe debería incluir:
- Norma o método aplicado
- Condiciones del ensayo
- Resultado obtenido y cómo se interpreta
- Identificación de la muestra y trazabilidad
El punto clave es que el ensayo sea representativo del acabado final. Si el acabado cambia, el comportamiento puede cambiar.
6) Causas reales de suelos que resbalan
Muchos suelos fallan por detalles que se repiten. No suelen ser fallos misteriosos, sino combinaciones típicas de uso y terminación. Las causas más habituales son:
- Textura final insuficiente para agua, polvo fino o pendiente
- Película por limpieza que reduce el agarre
- Sellados o terminaciones que cambian con el tiempo
- Desgaste y pulido por tránsito, ruedas o limpieza abrasiva
- Diferencia entre lo ensayado y lo ejecutado, mismo producto pero otra terminación real en obra. Para consultar el criterio oficial completo y cómo se interpreta, el documento más útil del CTE es el DA DB-SUA/3 – Resbaladicidad de suelos.
En rampas, accesos y zonas expuestas a agua, la resbaladicidad se decide con criterio y con ejecución: definir la clase que toca según el CTE, verificar con un ensayo válido y asegurar que el acabado aplicado en obra es coherente con lo ensayado. Si fallan esos tres puntos, el suelo puede terminar resbalando aunque sobre el papel pareciera correcto.